¿Hasta cuándo?

January 3, 2010

¿Hasta cuándo?

Mientras no haya una reestructuración de pies a cabeza y mientras los personajes que hoy manejan la institución no se marchen, cada seis meses seguiremos viendo la misma película y Millonarios continuará siendo el mismo equipo ‘chico’, perdedor y quebrado de los últimos 20 años. La quinta eliminación consecutiva está a la vuelta de la esquina y la historia de todos los semestres se vuelve a repetir. Análisis

William Alonso Rodríguez C.

BOGOTÁ. Como se ha vuelto costumbre en los últimos semestres, Millonarios es un caos total. La historia de los últimos torneos se vuelve a repetir y los problemas deportivos, económicos y administrativos siguen aquejando al que alguna vez fuera el club más grande de Colombia.

Es una película que vemos cada seis meses con los mismos protagonistas y los mismos capítulos, de la que al final de la temporada sólo quedan las infames excusas de directivos, técnicos y jugadores, y las airadas protestas de una hinchada noble y maltratada que grita a los cuatro vientos “que se vayan todos, que no quede ni uno solo…” pero que en el primer partido del siguiente torneo vuelve ilusionada a la cancha olvidando lo que pasó hace tan sólo dos meses.

Y eso sucedió en el comienzo de este campeonato. Después del fracaso del Apertura, de cuatro eliminaciones consecutivas y de la crisis económica que no permitió la llegada de refuerzos de categoría, en el debut contra la B de Junior la afición azul acompañó en masa a su equipo en un fenómeno inexplicable, más si se tenía en cuenta el regreso al banco de Luis Augusto García, un técnico bastante resistido por la tribuna.

Pues ese día Millos ganó 3-1 jugando bien, corriendo, gustando y mostrando nuevos valores como el travieso Omar Vásquez, lo que provocó el beneplácito y el delirio de la afición. Aquella vez, como no sucedía hace mucho tiempo, el equipo se marchó al camerino en medio de aplausos y El Chiqui por poco sale en hombros.

“¡Este semestre sí! El Chiqui es el único que puede acabar con los 21 años de ayuno. En diciembre vamos a ser campeones…”, eran algunas de las frases que se escuchaban aquel 12 de julio a la salida de El Campín y que se han vuelto reiterativas cada vez que Millonarios arranca un torneo con pie derecho.

Pero ese resultado y ese partido resultaron ser un completo espejismo. Primero, porque el rival que estaba al frente era la suplencia de Junior; segundo, porque estaba claro que con esa nómina no se podía aspirar a pelear el título; y tercero, porque el equipo nunca volvió a ser el mismo.

Y no volvió a ser el mismo porque a partir de la tercera fecha (derrota en Bogotá contra Tolima), el equipo perdió el rumbo en la cancha, los jugadores comenzaron a demostrar incomodidad con el esquema táctico y el estilo de juego, y el técnico empezó a equivocarse reiteradamente en la escogencia de la nómina, los planteamientos de los partidos y los cambios.

Pero sí hubo algo que acrecentó las críticas sobre García fue el repentino cambio en el discurso de pretemporada que hablaba de iniciar un proceso con las divisiones menores y darle cabida a los jugadores jóvenes.

Pues de un momento para otro ese proyecto deportivo con el que El Chiqui llegó a la dirección técnica se fue a la caneca de la basura y la nómina titular se fue envejeciendo de manera sustancial.

Eso sí, increíblemente el mensaje del cuerpo técnico seguía (y sigue) siendo el mismo, y es que este Millonarios es un equipo en formación. Pero lo que produce risa es creer, y hacerle creer a los demás, que uno puede iniciar un proceso con los ‘Sub 18′ de Córdoba, Patiño, Mera, Casierra, Bustos, Bedoya, Ciciliano, Carmelo, León Darío y ‘El Tigre’ Castillo. Eso es algo que solo cabe en la cabeza de García y sus secuaces.

Pues todas esas equivocaciones, caprichos y malas decisiones llevaron al cuadro embajador a su vigésimaquinta crisis de los últimos cinco años, con una vergonzosa eliminación de la Copa Colombia, cuatro fechas sin ganar en la Mustang II, un puesto once en la tabla y unos problemas internos que hablan de un vestuario roto y profundas molestias de varios referentes del plantel con el DT, quien salió públicamente a individualizar responsabilidades por la derrota en el clásico contra Santa Fe.

A Luis Augusto García habría que recordarle cómo terminó Quintabani después de que le dijo a la prensa que su equipo era una torre de babel y que cada quien hacía en el campo lo que quería. De manera que, por más que sea uno de los máximos accionistas del club y conociendo el prontuario de estos jugadores (Osorio, Lasarte, Vanemerak, Bonner, Quintabani…), lo menos recomendable para El Chiqui en este momento es echarse en contra a los ‘dueños del vestuario azul’.

Pero más allá de eso, pues cada quien es dueño de sus palabras y decisiones, lo que sí preocupa de sobremanera es que la tabla de la Reclasificación dice que Millonarios es el peor equipo de la temporada, que en la tabla del promedio sólo está a doce puntos del colero, que de seguir así el próximo año entraría con el fantasma del descenso a cuestas y que la quinta eliminación consecutiva de los cuadrangulares está a la vuelta de la esquina (tiene que ganar seis partidos de los nueve que quedan), lo que aumentaría aún más los pasivos (¡a más de 30 mil millones!) de una institución que se está desangrando por dentro y cuyas maltratadas arcas no resisten un nuevo fracaso deportivo.

Por eso el tema acá, como lo he manifestado reiteradas veces, pasa por una reestructuración de pies a cabeza y una transformación a un verdadero club de fútbol, donde la organización, la planificación, la visión empresarial y un proyecto deportivo serio sean las principales banderas.

Y eso es muy diferente a lo que pretende hacer el actual Comité Ejecutivo, en cabeza de Juan Carlos López, con su famosa sociedad anónima espejo, que consiste en que los aportes que hoy poseen se conviertan automáticamente en acciones en una figura bastante extraña y que genera muchas dudas.

En resumidas cuentas, Millonarios necesita urgentemente un revolcón. Tiene que volver a empezar, casi que volver a nacer… Y en ese renacer no pueden aparecer ni los López, ni los Chiquis, ni los Rendón, ni los Reyes, ni muchos menos la Dirección Nacional de Estupefacientes, que también tiene su cuota de responsabilidad.
Mientras esa reestructuración no llegue y mientras los personajes que hoy manejan la institución no se marchen, cada seis meses seguiremos viendo la misma película y Millonarios seguirá siendo el mismo equipo ‘chico’, perdedor y quebrado de los últimos 20 años. [Diario Deportivo]

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